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las mujeres en la ciencia, lo que también sufrió una involución importante después de la guerra, con al- gunas excepciones que con rman la regla. Para nues- tra historia las más signi cativas fueron Piedad de la Cierva y María aránzazu Vigón, que pudieron realizar unas interesantes carreras cientí cas, pero por no haber contraído matrimonio. Con el nuevo régimen las mujeres con trabajo asalariado tenían que dejarlo al casarse salvo que el marido no trabajara o gana- ra menos de un determinado sueldo. Esto también afectó al desarrollo cientí co español, ya que antes de la guerra civil se formaron un buen número de ex- celentes cientí cas que mayoritariamente o bien fue- ron depuradas o bien tuvieron que dejar la actividad investigadora por el reglamento citado8.
Piedad de la Cierva cuenta cómo Julio Casares, secre- tario de la Comisión Hispanoamericana del CSIC, de ninguna manera quería ver a mujer alguna trabajan- do en el CSIC, y que de hecho cuando hacía alguna vi- sita al centro, las mujeres tenían que esconderse. ar- mando Durán y José María Otero intercedieron para que las escasas cientí cas que permanecieron en el CSIC pudieran hacerlo \\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\[alva, 2016, p. 6\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\].
Otro problema era el de la escasez de personal cien- tí co, directamente relacionado con el relato de este libro y del que tenemos algunos testimonios inte- resantes. así, en 1949 Otero Navascués a rmaba, respecto a las di cultades para incorporar personal titulado cuali cado a la JIa, y en concreto especia- lizados en física (y que incluye otras cuestiones de
8 Decreto aprobando el Fuero del Trabajo formulado por el Consejo Nacional de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S., BOE 10/03/1938, donde se a rmaba que el Estado “libertará a la mujer casada del taller y de la fábrica”. Esto era ciertamente ambiguo pero en reglamentos concretos por sectores se estipulaba en concreto la excedencia forzosa por matrimonio del personal femenino (por ejemplo en el Reglamento Nacional de Telefónica (BOE 26/11/1958, art. 107, pág. 10.256). además en las  chas de personal de la JEN aparecían muchas empleadas con una nota  nal, siempre en los años 1950, en la que se indicaba “Excedencia Forzosa por Matrimonio”. Para más información véase Moraga (2008).
política cientí ca antes y después de la Guerra civil) lo siguiente:
El número de físicos que en nuestro país existen es ín mo, bastando una promoción del Politécnico de Delft (Holanda) para igualar o superar en número a la totalidad de los existentes en España. La situación actual es el resultado de una falsa política seguida por los que regían la física en España en los 15 años anteriores a nuestra Cruzada. Desdeñosamente se volvió la espalda a los problemas aplicados y se con- sideraba que la única ocupación digna de un físico era pertenecer al reducido Olimpo de la Fundación Rockefeller9, u ocupar cátedras de Universidad, o, para los menos preparados, de Instituto. En estas condiciones, la profesión no atraía en modo algu- no a nuestra juventud estudiosa y se ha llegado a la situación actual, en que acaban la carrera de Cien- cias Físicas en España menos de 20 personas al año, pertenecientes muchos de ellos a órdenes religiosas, que los reclaman para sí en cuanto han obtenido la licenciatura.
La funesta separación y compartimentación estanca de la enseñanza de ingeniería impide que se formen físicos en nuestras Escuelas Especiales. Las famosas escuelas de físicos de los grandes Politécnicos de Ingeniería, como los de Zurich, Berlín, Delft, Impe- rial College de Londres, Massachusetts Institute of Technology y California Institute of Technology, no tienen su similar en España. La carrera de física es hoy día en nuestro país únicamente universitaria y prácticamente los ingenieros están divorciados de esta ciencia, salvo en sus aplicaciones de vieja cien- cia técnica10.
9 Se re ere Otero al Instituto Nacional de Física y Química, cuyas instalaciones fueron  nanciadas por la Fundación Rockefeller.
10 Otero Navascués, “Memoria de la Junta de Investigaciones atómicas”, Julio 1949. aGa Presidencia del Gobierno, 83 TOP 31/12, expediente 139/5.
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