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las palabras de Otero son certeras respecto a los es- tudios de ingeniería y la ausencia en nuestro país de una escuela técnica homologable a las europeas (re- cordemos que por ejemplo el Politécnico de Zúrich, donde se graduó Einstein, proporcionaba una sólida formación tanto teórica como experimental). Pero sobre el resto, más que no ajustarse a la realidad, ya que era cierto que antes se hizo poco sobre ciencia aplicada, parece que están mediatizadas fruto de la ideología del régimen que estaba obsesionado con desprestigiar la labor de la JaE. Recordemos que en el periodo al que se re ere Otero se partió práctica- mente de cero, y según el esquema que indicamos en la introducción sobre el sistema cientí co esta- blecido por Bunge (ciencia básica teórica, ciencia básica experimental y ciencia aplicada) no es posible esta última sin las dos primeras. Es cierto que en el periodo de la JaE también hubo lagunas importan- tes, pero no por lo indicado por Otero, sino por la ausencia de ciencia teórica, como ya han señalado otros historiadores respecto a la física \\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\[Presas, 2007 y Sánchez Ron, 1990\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\]. Pero el desarrollo de la ciencia experimental en el periodo aludido por Otero fue un indudable éxito, del que se valió además de forma determinante la ciencia del primer franquismo, en aquellos casos en que se pudo por las continuidades, para fomentar la ciencia aplicada. Sin el tejido desa- rrollado anteriormente todavía la ruptura hubiera sido mucho más dramática. En el caso concreto de la física y la química hay acuerdo entre los historia- dores en la positiva in uencia del laboratorio de In- vestigaciones Físicas y el Instituto Nacional de Física y Química de la JaE en el desarrollo de estas discipli- nas (magnetismo, magnetoquímica, espectroscopia, métodos físico-químicos aplicados a determinación de pesos atómicos, difracción de rayos X).
Otra laguna del periodo de la Edad de Plata fue tam- bién que la investigación se realizó mayoritariamente en los centros de la JaE, marginando la universidad, lo que parece intuirse en la denuncia Otero, pero este problema se vio aumentado de forma determinante en el franquismo.
Es lógico que Otero, un hombre del Régimen, inten- tara achacar dichos problemas al periodo anterior y soslayara los problemas de la ciencia española de los años 40 debidos al carácter especí co de la dictadu- ra en esos años, que pretendía controlar todos los aspectos de la vida social, incluida la ciencia. ahora bien, Otero era una persona tolerante y no era un es- pejo a nivel personal de las peores prácticas del régi- men, ya que daba prioridad a la excelencia cientí ca sobre aspectos ideológicos.
Junto con el agravamiento del problema de la inves- tigación en la universidad, otro fue el de la ausencia de investigación básica teórica, lógicamente por la clara prioridad sobre lo aplicado. También la escasa dotación económica que forzaba al pluriempleo, un aspecto muy característico de lo que se ha denomina- do como el franquismo sociológico. los catedráticos normalmente realizaban la actividad investigadora en el CSIC o la JEN según los casos, lo que indudable- mente afectaba tanto a la actividad docente como a la investigadora. además, fuera de la capital, donde no había instituciones cientí cas sólidamente esta- blecidas, se producía una inestabilidad económica que incidía severamente en la actividad y estabilidad de los grupos cientí cos, lo que también se denunció desde Valencia \\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\[Catalá, 1957\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\].
Como ejemplo general de los problemas retributivos, en una de las actas del Consejo Nacional de Física, se a rmaba11:
El Sr. Villena somete a la consideración de los reuni- dos la escasez de las retribuciones concedidas a los físicos que se dedican a la investigación pura, tanto en absoluto como relativamente a otros órganos de investigación física del Consejo en su fase aplicada o relativamente a lo normal en otros centros estatales
11 acta de la Reunión del Consejo Nacional de Física celebrada el día 22 de julio de 1952 (archivo de la universidad de Navarra, Fondo armando Durán). En esta acta se re eja el testimonio de leonardo de Villena, que era el secretario de dicho Consejo.
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