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vidad, presentando sendas comunicaciones sobre mi- nerales raros y radiactivos de España \\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\[Carbonell, 1927, 1941b\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\]. El hecho de que ambos fueran congresos ce- lebrados en Estados unidos no puede pasar desaper- cibido porque sin duda in uyó en el eco internacional de las reservas uraníferas de España en plena Segunda Guerra Mundial.
Desde 1916, entre otros muchos trabajos de geología, Carbonell localizó reservas de sustancias radiactivas en España y las divulgó convenientemente \\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\[Carbonell, 1922, 1925, 1927, 1928a, 1928b\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\]. una de las más im- portantes fue de berilio, mineral sobre el que realizó investigaciones especí cas \\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\[Carbonell, 1935\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\]. Carbo- nell llevaba muchos años haciendo prospecciones en zonas de la provincia de Córdoba, donde entre otros minerales había localizado muestras de uranio. Pero no fue hasta 1935 cuando identi có unas reservas importantes de uranio en la Sierra albarrana. En ese mismo año redactó un informe sobre la aplicación militar de los elementos radiactivos, remitido al Jefe del Estado Mayor del Ministerio de la Guerra pero que no tuvo eco en las autoridades republicanas españolas \\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\[Hernando y Hernando, 2002\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\]. Pero ¿cómo hemos te- nido noticias de este informe? Fernando Carbonell y de león, sobrino de nuestro protagonista, narraba en 1969 que al morir su tío en 1947 estaba con un perio- dista repasando documentación del fallecido, y entre los papeles había uno de especial interés y que en- tonces no se atrevió a sacarlo a la luz: era una carta de acuse de recibo,  rmada por el Jefe del Estado Mayor sobre el informe citado. Veamos las palabras de Fer- nando Carbonell que resultan de lo más interesantes:
(...) la Historia cientí ca de aquella época, por pri- mera vez en el transcurso de los tiempos, estaba ín- timamente comprometida con la sucesión de hechos políticos y sociales que todavía estaban ocurriendo. Acababa de terminar una guerra mundial, cuyas ba- tallas habían sido ganadas más en los laboratorios experimentales que en los campos atrincherados. Terminaba de llegar a España el informe del bando victorioso de lo que en el mundo cientí co había ocu- rrido, en el que se consignaba lo único que se podía
decir y añadía textualmente “Toda persona que re- vele, complete o proporcione informes complemen- tarios, por cualquier medio y en cualquier lugar sin autorización, está sujeta a las penalidades severas que corresponden a la ley del espionaje”. La ley del silencio internacional estaba formulada, y entre los papeles de Antonio, había  rmas que comprometían seriamente a algunos de los principales protagonistas de la contienda, tanto del mundo de la ciencia como de la política. Cambié impresiones con un destacado miembro de la información de Córdoba (...)
y convinimos que aquellos documentos no podían ser publicados. Entre los papeles del archivo de Antonio, que aquella noche trágica de su fallecimiento enseñé a aquel representante de la información, había uno particularmente interesante de acuse de recibo sobre un informe mandado por Antonio sobre las posibili- dades militares de sus estudios radiactivos, que tenía la  rma del Jefe del Estado Mayor del Ministerio de Gil Robles. Este dato pone de mani esto que aquel escri- to debió de ser de mayo a diciembre de 1935. \\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\[Carbo- nell, F., 1969, p. 24\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\]
¿Y por qué deduce Fernando Carbonell que el informe de su tío lo tuvo que enviar a partir de mayo? Muy sen- cillo, por la  rma del que le enviaba el acuse de recibo, que no dice quién era, pero sabemos que era el Jefe del Estado Mayor, y precisamente el general Francisco Franco fue nombrado con ese cargo el 14 de mayo de 193521.
Hay otro testimonio que da verosimilitud a este he- cho, el de alexis Yakimach, un representante de la So- ciété Nouvelle du Radium de París que visitó España en 1941, precisamente para conocer los yacimientos de uranio cordobeses, y en una conferencia impartida en ese año a rmaba que los yacimientos de Sierra alba- rrana se descubrieron en 1925 por parte de antonio Carbonell y diez años después consiguió los primeros
21 No hemos localizado este informe en ningún archivo, tampoco en archivos militares.
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