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un interés añadido de la estancia de Piedad de la Cier- va en Dinamarca es la visita a otros centros de investi- gación europeos, gracias a la intervención de Hevesy, como el laboratorio de lise Meitner en Berlín. Recorde- mos que Meitner fue una pionera en la  sión nuclear, y sin duda hubiera sido un contacto muy interesante de haber seguido Piedad con sus investigaciones nu- cleares.
En efecto, en principio la idea de Piedad era continuar en Madrid con la misma investigación. De hecho em- pezó a montar un contador de partículas β y se empe- zó a equipar el Instituto Nacional de Física y Química con instrumentos para iniciar investigaciones sobre radiactividad arti cial. Con los antecedentes de Du- perier, que para sus primeros experimentos sobre ra- diación cósmica hizo que se importara una cámara de ionización, parecía factible la equipación mínima para la investigación en lo nuclear. Pero la Guerra Civil trun- có estos planes y no se reincorporó hasta septiembre de 1939 (no sufrió depuración por ser partidaria del nuevo régimen). Debido al proceso de reorganización hubo un periodo de inde nición, hasta que por inter-
mediación de Otero Navascués ingresó en el recién creado Instituto de Óptica del CSIC y posteriormente en el lTIEMa. Su trabajo se orientó a temas especí cos de óptica ajenos al ámbito nuclear. la única excepción fue la publicación en 1940 de un trabajo, probable- mente iniciado en 1936, sobre la desintegración arti-  cial del bromo \\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\[Cierva, 1940\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\\].
No sabemos los motivos por los que se abandonó en 1939 la incipiente investigación en radiactividad arti cial y en técnicas nucleares iniciada en Madrid en la primavera de 1936, y que era continuación de la desarrollada en Dinamarca. Es muy posible que fuera por la falta de equipamiento especí co que empezó precisamente a organizar nuestra protago- nista en 1936. En cambio parece que los laboratorios de rayos X y espectroscopia, ya organizados desde tiempo antes, seguían intactos al  nal de la contien- da, lo que permitió la reorganización para su uso. No sería hasta 1946 cuando los responsables cientí cos empezaron a plantearse la importancia de iniciar in- vestigaciones nucleares, tema ya de otro capítulo de esta historia.
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